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SUEÑOS PREMONITORIOS
Conforme iba conciliando el sueño las pesadillas que inundaban sus pensamientos se iban haciendo cada vez mas horrorosas y peligrosamente abrasadoras y vividas.
Primero soñó que se encontraba en medio de una callejuela en lo que pareciera una ciudad grande y ostentosa, pero no era ese tipo de calles llenas de aparadores que dejaban a la vista lujosos trajes Armani, estanterías repletas de los mas refinados vinos, o talvez las entradas a los mas excéntricos y costosos restaurantes. Mas bien parecía de esas calles sucias y destartaladas con tiendas cuyas fachadas se notan grasosas y cuyo concreto esta medio caído y raído por el poco mantenimiento. El tipo de calles que frecuentan los vagabundos en busca de un poco de licor barato y comida en los botes de basura.
La calle estaba oscura y vacía, y John caminaba pesadamente en dirección aparentemente a lo que era una licorería. No sabia precisamente que papel jugaba en el sueño o por que se encontraba en un rumbo como ese, pero aun así, aunque lo supiera no le serviría de mucho, pues estaba lo suficientemente sumido en el sueño como para intentar despertar o para reflexionar definidamente la situación. Lo único que sabia es que llevaba prisa, que no podía demorar en llegar a su destino, sabia que cada segundo era de suma importancia y no podía darse el lujo de dejarse llevar por ningún tipo de distracción.
Sus pies hacían un eco escandalosamente exagerado a cada paso que daba hacia la licorería, estaba a punto de llegar cuando una rabia furtiva se apodero de el saliendo desde su estomago y llenándolo todo dentro de el. Había sido algo meramente espontáneo, no había motivo para que algo así sucediera, todo el cuerpo le temblaba y apretaba fuerte mente la mandíbula en busca de un poco de autocontrol. Talvez a pesar de sus intentos no había puesto la velocidad necesaria en su andar y esos escasos segundos que no había valorado, habían sido pieza fundamental para que se votara eso dentro de el, la ira acumulada durante tanto tiempo. Cayó de rodillas a mitad de la calle, sobre un charco de agua lodosa aun temblando de pies a cabeza y con la mandíbula apretada, puso ambas manos sobre sus respectivas sienes en un intento vano por evadir las emociones encontradas que lo rodeaban hasta que estas lo vencieron.
Repentinamente los temblores cesaron y pudo liberar la mandíbula de la presión a la que la había mantenido sometida, se puso en pie y dirigió la mirada hacia la sucia licorería que tenia a su lado derecho, la rabia que lo había invadido apenas hace unos momentos, corría dentro de el como si fuera parte de su ser, como si siempre hubiera habitado ahí, era como si ya estuviera acostumbrado a sentirla y como si fuera completamente natural que esta se apoderara de el. Dirigió sus pasos hacia la licorería cerrada cuyas luces yacían apagadas (algo indudablemente imposible pues estas siempre están abiertas las veinticuatro horas para el deleite de los borrachines y personas que gustan de la vida nocturna) a través del escaparate enrejado se acerco y vio su reflejo casi transparente en el cristal, por un momento dudo que fuera el mismo, se veía mucho mas viejo y cansado de lo habitual, las arrugas se apiñaban en su frente y en la parte lateral de sus parpados. Sentía su cuerpo pesado y diferente, lento.
Dio un paso y tropezó con una piedra tirada cerca de la acera la cual casi lo hizo caer, observo detenidamente la piedra antes de inclinarse a recogerla, al hacerlo toda su espalda crujió como si no la hubiera movido en bastante tiempo.
A pesar de lo extraño que sentía su cuerpo y de lo grande de la piedra, esta no le peso nada, había sido como tomar una plumilla o una hoja de papel. Al estar de nuevo incorporado frente al vidrio se puso en una posición cómoda y arrojo la piedra hacia este con tal fuerza que no produjo una explosión o gran estruendo al impactar, fue cosa de un sordo “pum” y unos cuantos vidrios volaron hacia dentro de la licorería y el resto calló en una uniforme dirección de descenso, en lugar de esparcirse en diversas direcciones como hubiera sido mas lógico que sucediera.
Se aproximo hacia el hueco donde apenas hace unos momentos había estado el cristal y miro detenidamente hacia adentro, la licorería era pequeña y sucia solo consistía en un par de aparadores con vinos a los lados y uno con bebidas un poco mas caras detrás del mostrador. Dentro de la tienda había una persona sentada en el suelo en una esquina donde no llegaba la luz de la luna, el hombre estaba en una especie de trance, pues a pesar de estar despierto y con una botella de whisky escocés en las manos parecía no haber notado el estruendo que habían producido los vidrios al impactar con el suelo.
Abrió las barras de metal solo con sus manos y entro en la licorería aun sin advertir de su presencia al hombre que estaba en las sombras, solo bebiendo sin darle importancia a nada mas. Camino hacia el hombre con paso decidido y sin vacilar mientras este daba otro trago a la botella sin hacer ningún tipo de gesto, lo cual le molesto mucho a John, no le parecía el hecho de pasar inadvertido ante una persona que estaba a escasos metros de el.
Al estar solo a uno paso de el se dio cuenta de que su rostro aun cubierto por las sombras se le hacia extrañamente familiar, noto que este estaba temblando como quien se ha llevado un susto enorme, pero aun así seguía sin voltear a verle. Avanzo el paso que los separaba y se inclino hacia el, lo tomo por el cuello de la camisa con unas manos que repentinamente estaban casi llenas de un bello corporal negro, y sus dedos enseñaban unas uñas gruesas y filosas casi como garras. Lo levanto con mucha facilidad como lo había hecho con la piedra hasta que la luz de la luna le ilumino el rostro, al verlo sintió una nueva oleada de cólera asesina, el conocía muy bien ese rostro, era el de la persona que mas odiaba, de hecho era la persona en la que había enfocado todo su odio durante mucho tiempo.
Lo siguió mirando con unos ojos rojos inyectados de sangre en todas direcciones. -- ¡Tu! -- Dijo con una voz rasposa y grave, como si nunca antes hubiera hablado. -- ¡Tu eres la causa de que yo este tan furioso! ¡tu eres el motivo de mi odio, creíste que podrías detenerme, creíste que eras mas fuerte que yo, y que me ibas a desaparecer. Pero heme aquí, estoy frente a ti, viendo tu escupida y lastimera cara! -- El hombre seguía sin hacer caso de la persona que le hablaba y lo amenazaba en ese momento, dio otro trago de la botella y siguió mirando a la nada.
-- Cometiste un error Ahis, y créeme que lo pagaras caro, por que ¡te-voy-a-matar! -- Articulo cada palabra como quien quiere dejar algo bien en claro, y su rasposa voz resonó en las paredes, volvió a mirar el rostro del hombre, era su propio rostro, era el, John con su botella de whisky que acostumbraba tomar, lo aventó contra uno de los aparadores creando un fuerte estruendo y rompiendo unas botellas que regaron su contenido por toda la sucia duela. Las cortaduras ocupaban principalmente los brazos y la espalda del hombre, del otro John, mientras que el primero se abalanzo sobre el y le mordió el cuello arrancando un trozo de carne que mastico y trago. -- Esta vez cambiamos los papeles “Johnny” -- Hablo con un muy notorio sarcasmo en la voz, volvió a morder su cuello y tras volver a tragar se limpio la sangre que le resbalaba por una parte posterior de su boca, el sabor de la carne del otro John era nada extraordinario, simplemente carne, pero aun así eh hecho de provenir de esa victima lo hacia especial, mas satisfactorio y placentero que cualquier otro. Quería acabar con el, el era su único enemigo, era quien lo había tenido capturado durante tanto tiempo y ahora tenia que pagar.
El sueño que siguió a este fue un poco mas extraño pero igual de desconcertante que el anterior. Se encontraba el una amplia iglesia de diseño de a mediados del siglo XIX con un techo blanco muy alto y estrellado con símbolos e imágenes religiosas, en las paredes había pequeñas estatuas de algunos santos y los vidrios de las ventanas (las cuales quedaban fuera del alcance de cualquier persona) también contaban con figuras religiosas, los pocos espacios libres tanto como del techo como de las paredes estaban pintados de un color rosa bajo que daba una reconfortante sensación de paz interna . la parte del atrio (donde habitualmente el sacerdote encargado daba los sermones dominicales) estaba elevada aproximadamente medio metro del resto del suelo y era de duela de color acre, en el centro de este había una silla mullida de madera con un tapizado de color rojo.
Sentada frente a la silla se encontraba una mujer extraordinariamente hermosa, su piel era de incolora, solo blanca, tenia unos ojos azules cargados de seducción y de lujuria, su rostro era sereno e inexpresivo pero sumamente atractivo. De su cabeza caía un cabello de de color negro que le llegaba hasta la altura de sus hombros y vestía con una túnica negra de seda.
John la miraba desde la puerta de entrada a la iglesia y esta le miraba a el, detenidamente, como examinando a detalle a quien tenia enfrente.
a pesar de que afuera el sol brillaba a tope en el cielo, dentro parecía como si fuera mas tarde, los vidrios eran opacos y la puerta de madera era pesada y casi hermética, lo cual daba un aspecto sombrío y tétrico, , la única luz que entraba eran los pequeños rayos mortecinos que surcaban uno que otro espacio en la puerta y uno mas grande proveniente de un vidrio roto en una de las ventanas del centro.
El ruido sordo del eco que producían las pisadas de John en el piso de la iglesia casi vacía era el único que se podía escuchar, John se sentía atemorizado por el aspecto de la mujer, no tenia un aspecto mayor del que el aparentaba, pero su frialdad en el rostro le intrigaba, sabia que los humanos ni en sus peores momentos presentaban una cara así, si uno de ellos se sintiese feliz o emocionado, sus ojos brillaban radiantes y no podían evitar una sonrisa cada pocos instantes, en cambio si se sintiesen tristes o deprimidos sus ojos carecerían de ese brillo y se notarían mas serios de lo habitual. Para John no era difícil identificar una expresión humana en cuanto la veía pero por mas que rebuscaba en el rostro de la chica no podía identificar ni un ápice de felicidad, ni de preocupación o de emoción alguna y mucho menos de miedo, eso era lo que le asustaba. A cada paso que daba sentía que un frió le invadía los huesos y no podía controlar el nerviosismo.
Al estar a la mitad de camino por el pasillo que se situaba en el centro de la iglesia, la chica se levanto de su asiento dejando mas notoria su vestimenta un tanto extravagante. Al dar el primer paso en camino hacia el encuentro con John este pudo notar mas detalles de su complexión física y de su atuendo, caminaba descalza y al andar la túnica se adhería a su cuerpo dejando ver su desnudez total de bajo de esta, debido a lo muy delgada que era. La chica era de baja estatura y su cuerpo era por mucho, mejor al de una modelo, su cintura era pequeña y su abdomen firme, sus glúteos y senos eran tan bien firmes y apetecibles para cualquier hombre, lo suficientemente grandes para ser notoriamente atractivos y excitantes, pero lo suficientemente pequeños para no ser vulgares. Su piel carente de color en contraste con la traslucida túnica de color negro daban una sensación de espía furtivo a quien la viera caminar. Su andar era lento y despreocupado, pero grácil, como el de una princesa en un plació de la edad media. Al encontrase frente a frente ambos se detuvieron y se siguieron observando unos instantes. Parecía que no seria ella que iniciara la conversación, así que tras vacilar unos instantes, fue el propio John el que hablo.
-- ¿Quién eres? -- Las palabras emergieron de su boca dubitativas pero expresaban exactamente lo que John quería saber.
-- Anne -- contesto la chica cuya voz era dulce y fría a la vez, un contraste bastante extraño, pero tras haber visto los demás contrastes que presentaba todo su ser, John ya no le presto demasiada importancia.
-- Pregunte quien eres, no como te llamas.
-- Soy Anne, lo demás que te pueda decir sobre mi es irrelevante.
-- Irrelevante o no quiero saberlo, quiero saber quien eres y también que hacemos aquí. -- Las preguntas de John eran tajantes y malhumoradas, había decidido que dejarse intimidar, a pesar del miedo y de la incertidumbre seria algo entupido, así que opto por aparentarse lo mas despreocupado y hasta cierto punto furioso posible para que Anne no pudiera tomarlo por sorpresa.
-- No lo entenderías. -- Ahora aparte de fría, la voz de Anne también era cortante como en respuesta a la descortesía y al poco tacto empleado por John al preguntar. -- Y no pienso desperdiciar mi tiempo tratando de explicártelo. Solo estoy aquí para tener un breve charla contigo Ahis.
Ahis, ese era el verdadero nombre de John, el nombre con el que había sido conocido cuando vivía con los de su clase, hace muchos años, y desde la disipación de su grupo, nunca había escuchado a nadie llamarlo a el o a cualquier otra persona con ese nombre. El hecho de que lo hubieran llamado así, aunque fuera en un sueño era una mala señal, indudablemente sus fantasmas del pasado lo habían alcanzado por fin después de una larga persecución, el se había cansado y había aminorado el paso, había sido alcanzado y tendía que pagar las consecuencias de su descuido.
-- breve charla, Ahis, Anne -- Articulo cada palabra en un susurro, que era mas para el mismo, que una respuesta hacia Anne, después de meditar unos segundos contesto. -- Muy bien, quieres tener una breve charla, ¿sobre que?
-- Sobre tu futuro, debes tomar una decisión. -- Hablo contundentemente y sin alejar la mirada de los ojos de John -- La vida de muchos inocentes esta en tus manos Ahis, aparentemente tu ya decidiste, pero en el transcurso de la noche tu decisión ha cambiado de rumbo. La carta que has escrito no demuestra nada, es fácil hablar pero no actuar ¿verdad? O dime, ¿stas seguro de eso es lo que quieres?, tu y yo conocemos la rspuesta, pero no es la correcta. -- John se quedo perplejo ante la veracidad de las palabras de su acompañante. -- Sabes que tu muerte es la única salida viable al tremendo embrollo en el que estas metido, pero aun así es obvio que no estas preparado para morir, a pesar de que has vivido mas que cualquiera de los de tu clase, pasas el tiempo tratando de vivir como algo que no eres. Debes entender que nunca serás igual que ellos, tu has quedado marcado de por vida y no puedes hacer nada para cambiar las cosas, nunca podrás esconder lo que eres, y creo que esta por demás que lo diga pues es algo que tu ya has notado, solo que tratas de engañarte pensando que podrás retenerlo mucho tiempo, vamos Ahis, las cosas se han salido de control, y la única forma de que se normalicen un poco tu la conoces. Así que la decisión es tuya.
-- P-pero ¿Qué puedo hacer? -- La pregunta salio apretada desde el fondo de su garganta debido al vuelco que había dado su estomago, ¿Cómo era posible que esa extraña mujer que se hacia llamar Anne supiera sobre la carta? ¿ como era posible que supiera lo que era el y que se estaba descontrolando?, ¿ como sabia ella la decisión que había tomado y que esa era la mejor opción? Hacia apenas horas que había escrito la carta, era imposible que ella lo supiera.
Se dijo que debería formular primero esas preguntas, pero sabia que habría sido una perdida de tiempo, la mujer indudablemente solo quería hablar de un tema, y cualquier otro que se atravesara en su camino, simplemente lo ignoraría. Así que opto por jugar el juego impuesto por la chica, y se limito a preguntar lo mas importante.
La respuesta de Anne para su sorpresa fue poco explicita al principio y horrendamente trillada al final.
-- sabes cual es la única forma de hacerlo. -- Dijo -- los hermanos de la noche son la salida que estas buscando.
Estas palabras eran las que había temido que siquiera pasaran por su pensamiento. Si debía morir no permitiría que fuera a manos de uno seres tan despreciables como esos. Ahora no entendía como haba existido una época en la que hubieran vivido sin odio. El simple hecho de pensar en ellos hacia que se le erizaran los cabellos de la nuca debido a la rivalidad natural que existía entre ambas razas.
-- No, no debe haber otra salida, además un se ha sabido nada de ellos desde hace un par de siglos, ya no deben de existir.
-- Tampoco se ha sabido nada de los Licántropos en siglos, y eso no significa que no existan. -- Esta ves se podía notar un claro toque de cinismo, burla y extrañamente también de seducción en su voz angelical, pero que hasta ahora había sido fría e inexpresiva. -- Nada es para siempre Ahis, ni siquiera la vida de un hombre lobo, todo tarde o temprano tiene su fin, y el tuyo esta cerca.
-- Esta bien, me queda claro que no puedo hacer nada para evitarlo, estoy consciente del riesgo que represento, y se también que no estoy preparado para morir, pero si así salvo la vida de una o mas de una raza de seres vivos lo haré.
-- Valla, valla, valla. ¿Tan obsesionado estas?
-- ¿Qué?
-- Que si tan obsesionado estas con eso de ser humano. Creí que seria predecible pero en verdad eres patético, ¿crees que no se por que te sacrificas? Es obvio que lo haces por que crees que eso es lo que haría un “Humano Noble”. Crees que haciéndolo serás un poco mas como ellos, pero debes entender que no es asi.
A decir verdad, nunca le había pasado por la cabeza esa situación, pensándolo un poco llego a la conclusión de que talvez podría tener razón. Muy en el fondo de su ser talvez por eso lo hacia.
-- Te lo repito Ahis, la decisión es tuya. Solo espero que tomes la decisión correcta. -- En ese preciso momento una fuerte brisa de viento entro de la nada atacando de frente a Anne abriéndole la túnica y dejando al descubierto su escultural cuerpo.
John no pudo evitar quedarse mirando el monumento que tenia enfrente, y Anne solo soltó una risotada picara.
-- Interesante ¿no? -- Pregunto Anne mirándolo son una sonrisa invitante y ojos cargados de lujuria.
--¿Qué es interesante? -- Apenas podía concentrarse en las palabras de la chica, pues en ese momento le llegaron a la mente una enorme cantidad de cosas que nunca creyó pensar en su sano juicio.
Lo excitante que es. -- dijo sin dejar de mirar a John -- Es muy similar a la muerte, muy similar. Es trastornante, es invitante, acogedora, es excitante, es en algunas ocasiones es sumamente deseada, así que supongo que la muerte un puede ser tan mala, vamos, el tiempo corre, ¿podrás pasar un rato de perversión acompañado solo de un descanso eterno?
John trato de replicar ante el comparativo que Anne había hecho de la muerte y su cuerpo desnudo pero no encontró palabras para hacerlo, de hecho el comparativo había sido muy bueno, hacia parecer a la muerte como una especie de placer carnal, que al final todo el mundo deseaba, y que todos tarde o temprano caerían en ese deseo bajo e insano. Se propuso entonces en volver a preguntar lo que mas le consternaba, sabia que conociendo la identidad verdadera de esa mujer podria concebir mejor lo que estaba pasando por u cabeza.
n
-- ¿Quien eres? -- Articulo la pregunta con determinación a modo de exigir una respuesta concreta.
-- Dime Ahis, ¿por que crees que estamos en una iglesia? ¿por que crees que mi naturalidad es como la de ninguna otra mujer?
-- Solo dilo -- exigió John quien empezaba a perder el control de si mismo.
-- soy un angel
-- ¿Que clase de “angel”?
-- Soy el angel de la Muerte.
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Nota.
Debido a problemas de tiempo i de un terrible dolor de kbeza e probble que posteriormente est capitulo puede ser modificado