domingo, 28 de junio de 2009

CAPITULO 4

4
ASESINATO
El resto de la noche transcurrió tranquilo, la oscuridad y serenidad del bosque fue arrullando a John con el cántico de las hojas y ramas golpeando fieramente contra el viento. El poco continuo cantar de las aves daba paz mientras seguía durmiendo, ya sin soñar, solo aquella negrura y silencio interno que pasa una persona cuando no sueña, esa sensación de que solo han pasado unos instantes antes de abrir los ojos a la luz del sol recién salido que baña el rostro con su calidez única.
El amanecer era calido, silencioso, en muchos aspectos tranquilo. Como era de esperarse las ramas ya no azotaban con violencia debido a que ya no había viento que impulsara para tal acción. Los pájaros cantaban más armoniosamente que en la noche, y se escuchaba el correteo de algunos animales (seguramente conejos) que iban de de lado a lado talvez visitando madrigueras vecinas o saliendo en busca de alguna buen planta que engullir. El sol brillaba con todo su esplendor calentando las cortezas de los árboles e iluminando furtivamente el verde pasto por las pequeñas comisuras que daban espacio entre la espesura del bosque. John había escogido cuidadosamente esa parte del bosque, un lugar olvidado por los humanos, lo cual significaba que estaba a salvo de deforestación y sus habitantes, a salvo de cazadores, que solo por deporte acostumbran matar animales. Además, se encontraba tan enterrado en las profundidades de este que era casi imposible encontrarse con personas a un par de kilómetros a la redonda, John creía que era lo mejor, lo contradictoriamente mejor, trataba de vivir como un humano, pero evitaba al máximo a estos. Temía por ellos, no querría correr el riesgo de caer en la tentación y hacer una barbarie en algún pueblo cercano, o peor aun, en una ciudad. Sus visitas a Redstone eran solo para lo estrictamente necesario. Caminada hora y media todos los domingos hasta el pequeño pueblo, de ahí solo unos quince minutos mas hasta el local de la licorería y de ahí al de vegetales
Si había algo de lo que no carecía John era de dinero, a lo largo de los años había acumulado una fortuna en oro puro que nunca se había visto en necesidad de utilizar a excepción de los muchos libros con los que ya contaba. Solo cuando decidió que ese era el lugar adecuado para habitar durante mas un par de años hizo unos cuantos gastos en cosas básicas para la construcción de su casa, la cual había intentado hacer lo mas sencilla posible. Había comprado solo uno cuantos puños de clavos, y cemento, un poco de ropa también, nada especial solo ropa, todo lo demás el lo había hecho a mano, y posteriormente se decidió por la televisión, el micro-componente y los CDs.
Llevaba mas de medio siglo viviendo en ese bosque, el mismo tiempo que llevaba visitando la sencilla “biblioteca local Redstone” la cual a pesar de ser muy escasa en cuanto a los títulos de interés para John, había podido complacerlo con sus libros por un tiempo, ahora se sentía estancado en cuanto a lectura se refería, pero no quería salir de los limites de la ciudad.
Ya en la licorería John hacia el tan especial intercambio de siempre. John le entregaba una ración de oro puro y el dependiente del local le entregaba un fajo de billetes. A pesar de que el oro valía mucho mas que la cantidad de dinero que le daba a John no le importaba, y el dependiente estaba de acuerdo con esa transacción, este que ahora era un hombre robusto, semicalvo y anciano había atendido a el hombre solitario durante muchos años, desde que la juventud brillaba en sus ojos y el animo por tener un negocio de alcoholes heredado por sus padres, en el centro de la ciudad, anidaban su regocijo, ahora los años ya habían pasado, en los cuales este, el hombre solitario no había mostrado ni la mas mínima seña de envejecimiento, y con el paso del tiempo esa situación lo intimidaba mas, aunque parecía ser alguien tranquilo sus ojos le daban miedo, eran vagos, observadores y penetrantes, los de un asesino en serie,
El hombre había decidido que lo mejor seria llevar la fiesta en paz, y hacer lo habitual sin hacer preguntas.
Un buen día este hombre había aparecido en la entrada de su negocio pidiendo cuatro botellas de lo mas “fuerte” que tuviera a la venta. Vestía unos jeans viejos y notoriamente unas cuantas tallas mas grandes que la adecuada para el, una camisa de botones también muy sucia, e iba descalzo.
El dependiente había alcanzado a ver como mas de una persona que pasaban por las tranquilas calles le lanzaba miradas discretas desde la parte de afuera del local, algunos con curiosidad y unos cuantos mas con miedo. Este hombre había sacado un trozo de oro de uno de sus bolsillos y lo había depositado en la barra, preguntándole cuanto “dinero local” le ofrecía por la pieza.
El dependiente había dudado de la autenticidad de esta, sobre todo por el aspecto del hombre, parecía un vándalo o un adicto a las drogas. Si era autentica, lo mas probable era que fuera robada y que solo quería deshacerse de ella al precio que fuera, siempre y cuando no fuera una miseria y pudiera satisfacer su ansiedad y adicción por un rato.
Estaba a punto de echarlo, pero al ver sus ojos, algo dentro de el le dijo que necesitaría algo mas que simplemente el rifle que guardaba en su soporte fijado debajo de la barra para deshacerse de dicho personaje.
-- No es robado -- Le había dicho el hombre, su voz era tranquila y serena, convincente e intimidante. – Solo que necesito dinero.
El dependiente había abierto la caja registradora y le había dado todo lo que tenia allí y en su billetera, el hombre se había mostrado complacido por lo logrado “aliviado por no haber tenido que matarme” pensó el dependiente, también muy aliviado por encontrarse en una pieza. A la siguiente semana se volvió a encontrar en la misma situación, y a la siguiente, y a la siguiente también, hasta que fijaron una tarifa fija por las piezas de oro entregadas en cada transacción. Era difícil creer que fuera robado, era mucho, y de no haber sido propio hubieran encarcelado ya hace algún tiempo a ese extraño hombre.
Cada ves que atravesaba esa puerta el mismo nerviosismo lo recorría, y aun mas cuando empezó a notar las arrugas y la calvicie reflejadas en el espejo, y en cambio lo único que había visto cambiar en su sospechoso visitante era la vestimenta, que notoriamente había mejorado con el tiempo…pero su aspecto físico se había mantenido como el primer día.
De ese día ya hacían muchos años, los cuales no habían sido suficientes para acostumbrarse a su presencia, pero nunca le había hecho daño y dudaba…o esperaba que eso no sucediera ahora.
John se reclino en la cama y se sentó en un extremo, se acomodo el cabello enmarañado con las manos y se dirigió al baño, tomo una ducha con agua fría (la cual provenía de un pequeño canal superficial que el había cavado y que llegaba desde un ojo de agua situado alrededor del centro del bosque).
Al salir del baño vistió con unos vaqueros y una camiseta negra sin mangas, se acerco al espejo que quedaba a un lado de la cabecera de la cama y se acomodo el cabello en una coleta de caballo, del cuarto cajón del fondo de su escritorio saco una venda pequeña, una botella de alcohol y cinta adhesiva, lo puso todo en el escritorio y puso su brazo izquierdo sobre la mesa, casi al la altura del codo tenia cuatro cortes profundos en forma paralela y sangrantes.
Echo un chorro de alcohol sobre las cortadas de “La Herida Que No Sana”
Se enrollo el vendaje y lo sujeto con unas tiras de cinta adhesiva, se calzo unos zapatos deportivos y salio de nuevo.
Todo le daba vueltas, la intriga golpeaba su mente con fuerza. Sabia que había soñado, había tenido uno o dos sueños como mínimo, lo cual era raro puesto que el nunca soñaba. Se sentía consternado, sabia que era algo importante, sabia que debería de recordar el sueño. Desde que se había despertado esa mañana la sensación molesta de querer recordar algo que sabes que esta tan cerca y te frustra no recordarlo lo había acompañado molestando su ya intranquila mente.
Camino hacia la parte de atrás de la casa y deposito la botella vacía de whisky en la bolsa negra de basura y tomo una encorchada nueva de un balde de madera con agua fría.
-- Nuevo record -- murmuro para si mismo entre dientes -- Apenas es jueves y ya van cinco -- destapo la botella con los dientes y se encaramo de regreso a la casa, saco un vaso de vidrio de la pequeña bodega que tenia dentro la estufa y lo lleno a tope (a diferencia de la noche anterior que había tomado directo de la botella), se dirigió hacia el micro-componente en l parte inferior de una de las estanterías, quito el CD y se dirigió a una pequeña caja de madera y metal que estaba en el suelo, le quito la tapa que tenia en la parte inferior y le cambio las cuatro pilas de alta energía (el regulador lo había comprado para poder usar los aparatos electrónicos sin necesidad de utilizar una fuente de energía eléctrica que obviamente no había en la espesura del bosque, con este solamente veía televisión y reproducía música). Se dirigió de nuevo al micro-componente y volvió a poner el CD.
Eran solo doce temas de la banda española, pero eran los favoritos y pensó que si dedicaba el día a tratar de recordar sus sueños en compañía de su música mas relajante, talvez fuera solo cuestión de un par de horas para que el recuerdo llegara a su mente. Se sentó en la cama , cerro los ojos, dio un trago al vaso de whisky y empezó a rebuscar en su mente.
Cuatro vasos de alcohol y doce horas de concentración no fueron suficientes, alrededor de las diez de la noche se sentía frustrado y mareado, la ira empezaba a regresar de forma creciente, de nuevo su cuerpo empezaba a temblar y la saliva en su boca cada vez era mas escasa, se dio cuenta de que estaba perdiendo rápidamente el control. Abrió los ojos y tomo la botella casi vacía de whisky y se tomo el sobrante de un trago.
Sentir la ira correr por sus venas le hizo recordar algo, la noche anterior había escrito una carta, no lo había recordado en todo el día, todavía tenia que decidir que iba a hacer con ella, donde la iba a depositar o a quien se la iba a entregar. Repentinamente todas las dudas escondidas hasta ahora empezaban a surgir.
¿Qué caso tendría haber escrito esa carta? ¿Qué diría la persona que lo leyera? ¿Le creería alguien? ¿Y si le creían que podría hacer un simple humano?
Volvió a sacar la carta y se dispuso a romperla, la tenia entre sus dedos cuando se arrepintió, nunca antes se había sentido confundido y no le parecía una sensación nada grata.
Una fuerte punzada le recorrió el brazo izquierdo, de repente sintió un calor penetrante que bajaba desde la altura del codo hasta la muñeca. Se miro rápidamente el vendaje puesto cuidadosamente y noto que estaba lleno de sangre.
¡Mierda! -- Maldijo mientras se tocaba cuidadosamente la herida. -- En definitiva esto si es raro.
Se inclino hasta el cajón donde guardaba sus artículos de curación en busca de otro vendaje.
¡Mierda! ¡Mierdaaa! -- volvió a maldecir al ver que lo único que había en el cajón era solo un pequeño rollo de cinta adhesiva y una botella de alcohol casi totalmente vacía. -- Lo que me faltaba, primera vez que me sangra esta cosa en no se cuanto tiempo, y lo hace justo cuando mis reservas están acabadas. -- Dio un leve manotazo a la madera la cual crujió estrepitosamente e hizo temblar toda la mesa de roble. Se recostó sobre la cama y de la esquina inferior que daba contacto con la pared, levanto una esquina del colchón que dejo ver un hoyo perfectamente cuadrado dentro de la roca que utilizaba como base de cama, dentro de este había una modesta pila de ropa doblada al parecer muy cuidadosamente y ordenada por tipo de prenda (pantalones de un lado, camisas de otro y ropa interior de otro), saco una camisa exactamente igual a la sin mangas que llevaba puesta y la rompió hasta hacerla tiras, se quito el vendaje con cuidado, la sangre, ya fuera de la herida estaba empezando a secarse con rapidez lo que provoco que el vendaje se pegara a la piel, al llegar a las cuatro cortadas el vendaje pegajoso las jalo haciendo que empezara a brotar mas sangre a borbotones, vertió las ultimas gotas de whisky de la botella sobre la herida, se enrollo la tira mas larga de tela proveniente de lo que apenas hace unos momentos había sido una camiseta y la sujeto con un nudo bien apretado.
La vista se le nublo y el piso se le movió, sintió mareo y la boca estaba seca,
El pulso en su corazón se aceleraba fuertemente. Apretó sus manos contra sus rodillas y trato de respirar profundamente. Hizo un intento por tragar saliva lo cual fue acto de mera costumbre, no había liquido en su boca, no podía divisar nada a su alrededor y solo supo concretamente en que parte de la casa estaba hasta que su cuerpo azoto con el duro piso de concreto, solo podía oír el revoloteo de las aves afuera de la casa, pero cada ves mas bajo y apagado.
No se dio cuenta de en que momento perdió el conocimiento.
Todo su cuerpo le dolía y tenia frió, al despertar se percato de que no estaba en el piso, y mucho menos en su rígida cama, le costo unos cuantos segundos darse cuenta de que estaba tirado en el pequeño camino de entrada a su casa, tenia las manos y la boca llenas de su sangre y…al parecer de sangre de alguien mas, no sabia que había hecho, no recordaba nada, solo haberse caído y haber perdido el conocimiento y ahora se encontraba tirado afuera d su casa, se levanto de golpe y volteo la mirada a todos lados, los rayos del sol ascendiente en la iluminada mañana lo cegaron momentáneamente dándole una pizca mas de confusión al ya demasiado extraño amanecer. Y entonces le vino a la mente el recuerdo…la iglesia, la poca luz y sobre todo la chica llamada Anne
--Maldición-- dijo apenas en un susurro, se puso una mano en la cara, a la altura de los ojos debido al tremendo dolor que le causaban los rayos de sol.
Camino hacia la puerta de la casa, entro y se encamino a la cama, se tumbo en ella con la intención de dormir pero sintió un malestar en el brazo izquierdo. La herida de comenzó a sangrar de nuevo, se levanto inmediatamente de la cama y se dirigio al baño arrastrando los pies “demasiada sangre por hoy” pensó muy poco animado
Se dio una ducha y se puso ropa limpia, esta vez una camisa con mangas largas para ocultar la herida, inmediatamente se le lleno de sangre la manga y al verla solo soltó un bufido.
Volvió a salir de la casa y se dirigió a una caja también de madera situada a un lado del baño, de un tamaño aproximado dos metros cuadrados, la caja no tenia ningún tipo de seguro o algo para mantenerla cerrada, solo la pesada tapa que John abrió con facilidad con la mano derecha, dentro la caja estaba llena de piedras amarillas, saco una un poco mas grande que una pelota de béisbol y dejo caer la tapa sobre la caja creando un estrepitoso ruido que ahuyento a unos cuantos pájaros que volaron de sus árboles, al dar la luz del sol contra la piedra, esta empezó a brillar de una hermosa forma.
Sin menor aviso John comenzó a caminar por el bosque entre los arboles a paso firme y tranquilo pero a una velocidad sorprendente, mucho mayor a la que podria trotar una persona normal, al cabo de unos minutos ya se encontraba en un sendero bastante iluminado por la naciente luz del sol matutino, al entrar en el disminuyo considerablemente su paso, metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros y continuo caminando.
La ciudad se unía al bosque con un pequeño parque que se encontraba en los limites de ambos y por un pequeño sendero que utilizaban los cazadores para llegar al punto mas cómodo para disparar a sus inocentes presas, John no acostumbraba utilizarlo por el efecto mas nervioso de lo normal que producía ver a un hombre de sus características saliendo de es sendero, era `probable que quien lo viera pensara en el como un psicópata trastornado, o tal vez un asesino en serie. (Saliendo de la ciudad y entrando al bosque). John pudo sentir la mirada curiosa de varios pequeños grupos de personas (padres que pasaban la mañana con sus hijos en el parque) al pasar por ahí, e incluso pudo oler el miedo que brotaba de los pequeños…y de mas de un adulto.
Al salir del parque se encontró con mas gente que realizaban sus actividades cotidianas de cualquier jueves por la mañana. Las personas se ponían nerviosas con su presencia en ese lugar, y ahora lo estaban mas, pues nunca lo habían visto por ahí a media semana ni a esas horas, John también estaba nervioso, a pesar del tiempo no de acostumbraba a la gente curiosa y asustadiza, acelero un poco el paso al ver la reacción de los habitantes del pequeño pueblo, quería hacer las cosas lo mas rápido posible, no quería estar ni un minuto demás en ese lugar. Al pasar por un pequeño quiosco de venta de periódicos pudo ver el encabezado de uno de ellos de reojo, al leerlo se quedo petrificado, no pudo dar un solo paso mas, después de unos instantes de inmovilidad por fin reacciono y se volteo en dirección al quiosco, dio el par de pasos que lo separaban del periódico que se encontraba en una pequeña barra junto con revistas de distintos temas, al quedarse parado ahí las personas que leían los distintos diarios deportivos pagaron rápidamente lo que habían comprado y se fueron a grandes zancadas.
John tomo el periódico con la mano izquierda y alzo la miada hacia el dependiente.
-- ¿Cuánto?-- pregunto al hombre levantando el periódico a sabiendas de que lo único de valor que llevaba era la pieza de oro.
-- ¡Lléveselo, pero por favor ya vallase!-- le dijo el hombre esforzándose por tener un tono firme en su voz. John dirigió una mirada un tanto amenazadora y triunfante al hombre, volvió a bajar la mirada y se fue con el periódico en la mano, camino a toda velocidad por la acera hasta avanzar dos calles lo cual le tomo unos treinta segundos, ahí se recargo en un muro y comenzó a leer, el encabezado decía:
HOMBRE MUTILADO, TORTURADO Y ASESINADO EN BOSQUE REDSTONE
La madrugada del jueves fue encontrado alrededor de las cuatro con quince minutos el cuerpo de Michael Turner, joven granjero quien se dedicaba en sus ratos libres a la caza amateur en el bosque ecológico de Redstone.
Su esposa Maria Jonson-Turner dio aviso a la policía local alrededor de las once con treinta de la noche del miércoles, al notar que su marido demoraba demasiado, comento a los policías que Michael había salido de su casa a las cinco de la tarde, y había prometido estar en su casa para cenar.
El cuerpo fue hallado por la brigada de búsqueda a aproximadamente dos kilómetros de la zona de caza con marcas claras de tortura entre las que eran fácilmente apreciables las cortadas paralelas con finas navajas, y fisuras hechas con algún tipo de punta parecida a un destornillador en varias partes de su cuerpo.
Michael Turner será velado hoy en su casa. Nota completa en pags. 3 y 4
Al terminar de leer el resumen de la nota, a John le costo mas de un minuto poder moverse, en su mente revoloteaba lo sucedido en la mañana, la sangre, las nauseas, el cansancio y la amnesia temporal fueron cambiados por miedo, lo había hecho, había matado a un inocente, por su culpa, por no poder controlar sus instintos había acabado con el sostén de una familia, con un ser sin culpa. Maldita sea ¿Cómo era posible?
Dejo caer el periódico y camino mas aprisa por las angostas pero relucientes y refinadas calles del pequeño pueblo, ahora quería salir mucho mas rápido de ahí, no quería estar ni un segundo mas pero antes había cosas que hacer, era probable que las personas comenzaran a especular que el fuera el asesino, talvez por eso el dependiente de los periódicos estaba tan nervioso. John sabia que ninguna autoridad local se antevería siquiera a pensar en arrestarle, pero el simple hecho de que la gente supiera de su atrocidad le hacia sentirse sucio, era una sensación de incomodidad mezclada con culpa y con una pizca de nauseas al pensar en lo cometido, sin mencionar que el exceso de nervios en las personas del pueblo le descontrolaba hasta la respiración. Sus pies avanzaban a todo lo que daban sin llegar a correr, sabia que se veía muy sospechoso su comportamiento, podía oler con mucha mas intensidad de la debida el miedo en las personas, pero tenia algo mas que hacer, solo necesitaba de unos minutos mas y se iría por un buen tiempo, seguramente podría vivir un par de semanas sin vegetales ni material de curación.
Camino durante unos cinco minutos sin bajar la velocidad hasta llegar a su destino, la tienda se mostraba nada sencilla, de hecho parecía un lugar muy refinado y especial (como todo en aquel pequeño pueblo…lo lujoso desentonaba con lo pequeño), el marco de la entrada era dorado y el resto de la fachada era de piedra tallada, en la parte de arriba aparecía con letras cursivas la palabra “licorería” de una forma modesta y hasta cierto punto un tanto arrogante. John soltó una maldición al ver que el local aun estaba cerrado, se poso sobre la pared que estaba cruzando la acera de enfrente a la licorería, bastaron solo un par de minutos para que el regordete dependiente de la tienda apareciera dando vuelta a la calle en dirección a su negocio. Al ver a John el hombre se paro en seco y dijo caer la dona que tenia en una mano y el diario que levaba en la otra cuya portada iba leyendo distraídamente, dejando una expresión de perplejidad y susto, tenia la boca abierta y lo ojos desorbitados, además de que había palidecido por completo, titubeo en in patético ademán de dar la vuelta para salir corriendo, pero al parecer el hecho de pensar que si lo hacia podría irle peor lo hizo quedarse plantado unos momentos y después finalmente seguir caminando.
No era secreto que Peter Irwin, el dueño de la licorería desde hace unas décadas, le tenia un miedo sumamente profundo a John, y desde que había leído el titular del periódico de esa mañana había pensado que lo mejor seria tomarse libre el domingo, día en que John iría a hacer el tan peculiar cambio, el beneficio era enorme ya que le dejaba una buena tajada económica, pero estaba completamente aferrado a la idea de que su vida valía mas que el oro que recibía, y dadas las circunstancias de los acontecimientos recientes creyó que su vida Coria gran riesgo, y el hecho de verlo ahí plantado, con su amenazador cuerpo recargado en la pared le dio una sensación de estar caminando hacia la mismísima muerte, y la muerte le sonreía y lo miraba a los ojos con una mirada macabra…
--Estoy muerto.
-- No, Todavía no.
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pido una atenta disculpa por el enorme retraso en la escritura de esta historia, pero dbido a problemas de salud no habia podido continuar con esta..
tambien aclaro que al igual que el capitulo 3 es probable que posteriormente este tambien sea modificado.
tambien quero agradecer a m i mayor fuente de inspiracion...Anne, creo que esta historia es mas tuya que mia, gracias por creer en ella y ser mi fan No. 1 Te Amo linda ^^

viernes, 6 de marzo de 2009

CAPITULO 3

3

SUEÑOS PREMONITORIOS

Conforme iba conciliando el sueño las pesadillas que inundaban sus pensamientos se iban haciendo cada vez mas horrorosas y peligrosamente abrasadoras y vividas.

Primero soñó que se encontraba en medio de una callejuela en lo que pareciera una ciudad grande y ostentosa, pero no era ese tipo de calles llenas de aparadores que dejaban a la vista lujosos trajes Armani, estanterías repletas de los mas refinados vinos, o talvez las entradas a los mas excéntricos y costosos restaurantes. Mas bien parecía de esas calles sucias y destartaladas con tiendas cuyas fachadas se notan grasosas y cuyo concreto esta medio caído y raído por el poco mantenimiento. El tipo de calles que frecuentan los vagabundos en busca de un poco de licor barato y comida en los botes de basura.

La calle estaba oscura y vacía, y John caminaba pesadamente en dirección aparentemente a lo que era una licorería. No sabia precisamente que papel jugaba en el sueño o por que se encontraba en un rumbo como ese, pero aun así, aunque lo supiera no le serviría de mucho, pues estaba lo suficientemente sumido en el sueño como para intentar despertar o para reflexionar definidamente la situación. Lo único que sabia es que llevaba prisa, que no podía demorar en llegar a su destino, sabia que cada segundo era de suma importancia y no podía darse el lujo de dejarse llevar por ningún tipo de distracción.

Sus pies hacían un eco escandalosamente exagerado a cada paso que daba hacia la licorería, estaba a punto de llegar cuando una rabia furtiva se apodero de el saliendo desde su estomago y llenándolo todo dentro de el. Había sido algo meramente espontáneo, no había motivo para que algo así sucediera, todo el cuerpo le temblaba y apretaba fuerte mente la mandíbula en busca de un poco de autocontrol. Talvez a pesar de sus intentos no había puesto la velocidad necesaria en su andar y esos escasos segundos que no había valorado, habían sido pieza fundamental para que se votara eso dentro de el, la ira acumulada durante tanto tiempo. Cayó de rodillas a mitad de la calle, sobre un charco de agua lodosa aun temblando de pies a cabeza y con la mandíbula apretada, puso ambas manos sobre sus respectivas sienes en un intento vano por evadir las emociones encontradas que lo rodeaban hasta que estas lo vencieron.

Repentinamente los temblores cesaron y pudo liberar la mandíbula de la presión a la que la había mantenido sometida, se puso en pie y dirigió la mirada hacia la sucia licorería que tenia a su lado derecho, la rabia que lo había invadido apenas hace unos momentos, corría dentro de el como si fuera parte de su ser, como si siempre hubiera habitado ahí, era como si ya estuviera acostumbrado a sentirla y como si fuera completamente natural que esta se apoderara de el. Dirigió sus pasos hacia la licorería cerrada cuyas luces yacían apagadas (algo indudablemente imposible pues estas siempre están abiertas las veinticuatro horas para el deleite de los borrachines y personas que gustan de la vida nocturna) a través del escaparate enrejado se acerco y vio su reflejo casi transparente en el cristal, por un momento dudo que fuera el mismo, se veía mucho mas viejo y cansado de lo habitual, las arrugas se apiñaban en su frente y en la parte lateral de sus parpados. Sentía su cuerpo pesado y diferente, lento.

Dio un paso y tropezó con una piedra tirada cerca de la acera la cual casi lo hizo caer, observo detenidamente la piedra antes de inclinarse a recogerla, al hacerlo toda su espalda crujió como si no la hubiera movido en bastante tiempo.

A pesar de lo extraño que sentía su cuerpo y de lo grande de la piedra, esta no le peso nada, había sido como tomar una plumilla o una hoja de papel. Al estar de nuevo incorporado frente al vidrio se puso en una posición cómoda y arrojo la piedra hacia este con tal fuerza que no produjo una explosión o gran estruendo al impactar, fue cosa de un sordo “pum” y unos cuantos vidrios volaron hacia dentro de la licorería y el resto calló en una uniforme dirección de descenso, en lugar de esparcirse en diversas direcciones como hubiera sido mas lógico que sucediera.

Se aproximo hacia el hueco donde apenas hace unos momentos había estado el cristal y miro detenidamente hacia adentro, la licorería era pequeña y sucia solo consistía en un par de aparadores con vinos a los lados y uno con bebidas un poco mas caras detrás del mostrador. Dentro de la tienda había una persona sentada en el suelo en una esquina donde no llegaba la luz de la luna, el hombre estaba en una especie de trance, pues a pesar de estar despierto y con una botella de whisky escocés en las manos parecía no haber notado el estruendo que habían producido los vidrios al impactar con el suelo.

Abrió las barras de metal solo con sus manos y entro en la licorería aun sin advertir de su presencia al hombre que estaba en las sombras, solo bebiendo sin darle importancia a nada mas. Camino hacia el hombre con paso decidido y sin vacilar mientras este daba otro trago a la botella sin hacer ningún tipo de gesto, lo cual le molesto mucho a John, no le parecía el hecho de pasar inadvertido ante una persona que estaba a escasos metros de el.

Al estar solo a uno paso de el se dio cuenta de que su rostro aun cubierto por las sombras se le hacia extrañamente familiar, noto que este estaba temblando como quien se ha llevado un susto enorme, pero aun así seguía sin voltear a verle. Avanzo el paso que los separaba y se inclino hacia el, lo tomo por el cuello de la camisa con unas manos que repentinamente estaban casi llenas de un bello corporal negro, y sus dedos enseñaban unas uñas gruesas y filosas casi como garras. Lo levanto con mucha facilidad como lo había hecho con la piedra hasta que la luz de la luna le ilumino el rostro, al verlo sintió una nueva oleada de cólera asesina, el conocía muy bien ese rostro, era el de la persona que mas odiaba, de hecho era la persona en la que había enfocado todo su odio durante mucho tiempo.

Lo siguió mirando con unos ojos rojos inyectados de sangre en todas direcciones. -- ¡Tu! -- Dijo con una voz rasposa y grave, como si nunca antes hubiera hablado. -- ¡Tu eres la causa de que yo este tan furioso! ¡tu eres el motivo de mi odio, creíste que podrías detenerme, creíste que eras mas fuerte que yo, y que me ibas a desaparecer. Pero heme aquí, estoy frente a ti, viendo tu escupida y lastimera cara! -- El hombre seguía sin hacer caso de la persona que le hablaba y lo amenazaba en ese momento, dio otro trago de la botella y siguió mirando a la nada.

-- Cometiste un error Ahis, y créeme que lo pagaras caro, por que ¡te-voy-a-matar! -- Articulo cada palabra como quien quiere dejar algo bien en claro, y su rasposa voz resonó en las paredes, volvió a mirar el rostro del hombre, era su propio rostro, era el, John con su botella de whisky que acostumbraba tomar, lo aventó contra uno de los aparadores creando un fuerte estruendo y rompiendo unas botellas que regaron su contenido por toda la sucia duela. Las cortaduras ocupaban principalmente los brazos y la espalda del hombre, del otro John, mientras que el primero se abalanzo sobre el y le mordió el cuello arrancando un trozo de carne que mastico y trago. -- Esta vez cambiamos los papeles “Johnny” -- Hablo con un muy notorio sarcasmo en la voz, volvió a morder su cuello y tras volver a tragar se limpio la sangre que le resbalaba por una parte posterior de su boca, el sabor de la carne del otro John era nada extraordinario, simplemente carne, pero aun así eh hecho de provenir de esa victima lo hacia especial, mas satisfactorio y placentero que cualquier otro. Quería acabar con el, el era su único enemigo, era quien lo había tenido capturado durante tanto tiempo y ahora tenia que pagar.

El sueño que siguió a este fue un poco mas extraño pero igual de desconcertante que el anterior. Se encontraba el una amplia iglesia de diseño de a mediados del siglo XIX con un techo blanco muy alto y estrellado con símbolos e imágenes religiosas, en las paredes había pequeñas estatuas de algunos santos y los vidrios de las ventanas (las cuales quedaban fuera del alcance de cualquier persona) también contaban con figuras religiosas, los pocos espacios libres tanto como del techo como de las paredes estaban pintados de un color rosa bajo que daba una reconfortante sensación de paz interna . la parte del atrio (donde habitualmente el sacerdote encargado daba los sermones dominicales) estaba elevada aproximadamente medio metro del resto del suelo y era de duela de color acre, en el centro de este había una silla mullida de madera con un tapizado de color rojo.

Sentada frente a la silla se encontraba una mujer extraordinariamente hermosa, su piel era de incolora, solo blanca, tenia unos ojos azules cargados de seducción y de lujuria, su rostro era sereno e inexpresivo pero sumamente atractivo. De su cabeza caía un cabello de de color negro que le llegaba hasta la altura de sus hombros y vestía con una túnica negra de seda.

John la miraba desde la puerta de entrada a la iglesia y esta le miraba a el, detenidamente, como examinando a detalle a quien tenia enfrente.

a pesar de que afuera el sol brillaba a tope en el cielo, dentro parecía como si fuera mas tarde, los vidrios eran opacos y la puerta de madera era pesada y casi hermética, lo cual daba un aspecto sombrío y tétrico, , la única luz que entraba eran los pequeños rayos mortecinos que surcaban uno que otro espacio en la puerta y uno mas grande proveniente de un vidrio roto en una de las ventanas del centro.

El ruido sordo del eco que producían las pisadas de John en el piso de la iglesia casi vacía era el único que se podía escuchar, John se sentía atemorizado por el aspecto de la mujer, no tenia un aspecto mayor del que el aparentaba, pero su frialdad en el rostro le intrigaba, sabia que los humanos ni en sus peores momentos presentaban una cara así, si uno de ellos se sintiese feliz o emocionado, sus ojos brillaban radiantes y no podían evitar una sonrisa cada pocos instantes, en cambio si se sintiesen tristes o deprimidos sus ojos carecerían de ese brillo y se notarían mas serios de lo habitual. Para John no era difícil identificar una expresión humana en cuanto la veía pero por mas que rebuscaba en el rostro de la chica no podía identificar ni un ápice de felicidad, ni de preocupación o de emoción alguna y mucho menos de miedo, eso era lo que le asustaba. A cada paso que daba sentía que un frió le invadía los huesos y no podía controlar el nerviosismo.

Al estar a la mitad de camino por el pasillo que se situaba en el centro de la iglesia, la chica se levanto de su asiento dejando mas notoria su vestimenta un tanto extravagante. Al dar el primer paso en camino hacia el encuentro con John este pudo notar mas detalles de su complexión física y de su atuendo, caminaba descalza y al andar la túnica se adhería a su cuerpo dejando ver su desnudez total de bajo de esta, debido a lo muy delgada que era. La chica era de baja estatura y su cuerpo era por mucho, mejor al de una modelo, su cintura era pequeña y su abdomen firme, sus glúteos y senos eran tan bien firmes y apetecibles para cualquier hombre, lo suficientemente grandes para ser notoriamente atractivos y excitantes, pero lo suficientemente pequeños para no ser vulgares. Su piel carente de color en contraste con la traslucida túnica de color negro daban una sensación de espía furtivo a quien la viera caminar. Su andar era lento y despreocupado, pero grácil, como el de una princesa en un plació de la edad media. Al encontrase frente a frente ambos se detuvieron y se siguieron observando unos instantes. Parecía que no seria ella que iniciara la conversación, así que tras vacilar unos instantes, fue el propio John el que hablo.

-- ¿Quién eres? -- Las palabras emergieron de su boca dubitativas pero expresaban exactamente lo que John quería saber.

-- Anne -- contesto la chica cuya voz era dulce y fría a la vez, un contraste bastante extraño, pero tras haber visto los demás contrastes que presentaba todo su ser, John ya no le presto demasiada importancia.

-- Pregunte quien eres, no como te llamas.

-- Soy Anne, lo demás que te pueda decir sobre mi es irrelevante.

-- Irrelevante o no quiero saberlo, quiero saber quien eres y también que hacemos aquí. -- Las preguntas de John eran tajantes y malhumoradas, había decidido que dejarse intimidar, a pesar del miedo y de la incertidumbre seria algo entupido, así que opto por aparentarse lo mas despreocupado y hasta cierto punto furioso posible para que Anne no pudiera tomarlo por sorpresa.

-- No lo entenderías. -- Ahora aparte de fría, la voz de Anne también era cortante como en respuesta a la descortesía y al poco tacto empleado por John al preguntar. -- Y no pienso desperdiciar mi tiempo tratando de explicártelo. Solo estoy aquí para tener un breve charla contigo Ahis.

Ahis, ese era el verdadero nombre de John, el nombre con el que había sido conocido cuando vivía con los de su clase, hace muchos años, y desde la disipación de su grupo, nunca había escuchado a nadie llamarlo a el o a cualquier otra persona con ese nombre. El hecho de que lo hubieran llamado así, aunque fuera en un sueño era una mala señal, indudablemente sus fantasmas del pasado lo habían alcanzado por fin después de una larga persecución, el se había cansado y había aminorado el paso, había sido alcanzado y tendía que pagar las consecuencias de su descuido.

-- breve charla, Ahis, Anne -- Articulo cada palabra en un susurro, que era mas para el mismo, que una respuesta hacia Anne, después de meditar unos segundos contesto. -- Muy bien, quieres tener una breve charla, ¿sobre que?

-- Sobre tu futuro, debes tomar una decisión. -- Hablo contundentemente y sin alejar la mirada de los ojos de John -- La vida de muchos inocentes esta en tus manos Ahis, aparentemente tu ya decidiste, pero en el transcurso de la noche tu decisión ha cambiado de rumbo. La carta que has escrito no demuestra nada, es fácil hablar pero no actuar ¿verdad? O dime, ¿stas seguro de eso es lo que quieres?, tu y yo conocemos la rspuesta, pero no es la correcta. -- John se quedo perplejo ante la veracidad de las palabras de su acompañante. -- Sabes que tu muerte es la única salida viable al tremendo embrollo en el que estas metido, pero aun así es obvio que no estas preparado para morir, a pesar de que has vivido mas que cualquiera de los de tu clase, pasas el tiempo tratando de vivir como algo que no eres. Debes entender que nunca serás igual que ellos, tu has quedado marcado de por vida y no puedes hacer nada para cambiar las cosas, nunca podrás esconder lo que eres, y creo que esta por demás que lo diga pues es algo que tu ya has notado, solo que tratas de engañarte pensando que podrás retenerlo mucho tiempo, vamos Ahis, las cosas se han salido de control, y la única forma de que se normalicen un poco tu la conoces. Así que la decisión es tuya.

-- P-pero ¿Qué puedo hacer? -- La pregunta salio apretada desde el fondo de su garganta debido al vuelco que había dado su estomago, ¿Cómo era posible que esa extraña mujer que se hacia llamar Anne supiera sobre la carta? ¿ como era posible que supiera lo que era el y que se estaba descontrolando?, ¿ como sabia ella la decisión que había tomado y que esa era la mejor opción? Hacia apenas horas que había escrito la carta, era imposible que ella lo supiera.

Se dijo que debería formular primero esas preguntas, pero sabia que habría sido una perdida de tiempo, la mujer indudablemente solo quería hablar de un tema, y cualquier otro que se atravesara en su camino, simplemente lo ignoraría. Así que opto por jugar el juego impuesto por la chica, y se limito a preguntar lo mas importante.

La respuesta de Anne para su sorpresa fue poco explicita al principio y horrendamente trillada al final.

-- sabes cual es la única forma de hacerlo. -- Dijo -- los hermanos de la noche son la salida que estas buscando.

Estas palabras eran las que había temido que siquiera pasaran por su pensamiento. Si debía morir no permitiría que fuera a manos de uno seres tan despreciables como esos. Ahora no entendía como haba existido una época en la que hubieran vivido sin odio. El simple hecho de pensar en ellos hacia que se le erizaran los cabellos de la nuca debido a la rivalidad natural que existía entre ambas razas.

-- No, no debe haber otra salida, además un se ha sabido nada de ellos desde hace un par de siglos, ya no deben de existir.

-- Tampoco se ha sabido nada de los Licántropos en siglos, y eso no significa que no existan. -- Esta ves se podía notar un claro toque de cinismo, burla y extrañamente también de seducción en su voz angelical, pero que hasta ahora había sido fría e inexpresiva. -- Nada es para siempre Ahis, ni siquiera la vida de un hombre lobo, todo tarde o temprano tiene su fin, y el tuyo esta cerca.

-- Esta bien, me queda claro que no puedo hacer nada para evitarlo, estoy consciente del riesgo que represento, y se también que no estoy preparado para morir, pero si así salvo la vida de una o mas de una raza de seres vivos lo haré.

-- Valla, valla, valla. ¿Tan obsesionado estas?

-- ¿Qué?

-- Que si tan obsesionado estas con eso de ser humano. Creí que seria predecible pero en verdad eres patético, ¿crees que no se por que te sacrificas? Es obvio que lo haces por que crees que eso es lo que haría un “Humano Noble”. Crees que haciéndolo serás un poco mas como ellos, pero debes entender que no es asi.

A decir verdad, nunca le había pasado por la cabeza esa situación, pensándolo un poco llego a la conclusión de que talvez podría tener razón. Muy en el fondo de su ser talvez por eso lo hacia.

-- Te lo repito Ahis, la decisión es tuya. Solo espero que tomes la decisión correcta. -- En ese preciso momento una fuerte brisa de viento entro de la nada atacando de frente a Anne abriéndole la túnica y dejando al descubierto su escultural cuerpo.

John no pudo evitar quedarse mirando el monumento que tenia enfrente, y Anne solo soltó una risotada picara.

-- Interesante ¿no? -- Pregunto Anne mirándolo son una sonrisa invitante y ojos cargados de lujuria.

--¿Qué es interesante? -- Apenas podía concentrarse en las palabras de la chica, pues en ese momento le llegaron a la mente una enorme cantidad de cosas que nunca creyó pensar en su sano juicio.

Lo excitante que es. -- dijo sin dejar de mirar a John -- Es muy similar a la muerte, muy similar. Es trastornante, es invitante, acogedora, es excitante, es en algunas ocasiones es sumamente deseada, así que supongo que la muerte un puede ser tan mala, vamos, el tiempo corre, ¿podrás pasar un rato de perversión acompañado solo de un descanso eterno?

John trato de replicar ante el comparativo que Anne había hecho de la muerte y su cuerpo desnudo pero no encontró palabras para hacerlo, de hecho el comparativo había sido muy bueno, hacia parecer a la muerte como una especie de placer carnal, que al final todo el mundo deseaba, y que todos tarde o temprano caerían en ese deseo bajo e insano. Se propuso entonces en volver a preguntar lo que mas le consternaba, sabia que conociendo la identidad verdadera de esa mujer podria concebir mejor lo que estaba pasando por u cabeza.

n

-- ¿Quien eres? -- Articulo la pregunta con determinación a modo de exigir una respuesta concreta.

-- Dime Ahis, ¿por que crees que estamos en una iglesia? ¿por que crees que mi naturalidad es como la de ninguna otra mujer?

-- Solo dilo -- exigió John quien empezaba a perder el control de si mismo.

-- soy un angel

-- ¿Que clase de “angel”?

-- Soy el angel de la Muerte.



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Nota.

Debido a problemas de tiempo i de un terrible dolor de kbeza e probble que posteriormente est capitulo puede ser modificado